31 marzo 2009

Anestesiología y Reanimación - 2ª Parte

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Anestesiología y Reanimación - 1ª Parte

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30 marzo 2009

Anestesia Embolia

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15 marzo 2009

Vida de San Juan de Dios (El hombre que supo amar)

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Juan Ciudad nació el 8 de marzo de 1495 en la portuguesa localidad de Montemor o Novo (Évora). Aunque no están claros muchos de sus datos biográficos, se sabe que era hijo de una familia muy piadosa. Huérfano de madre siendo todavía un niño, su padre acabó ingresando en un monasterio. A los ocho años de edad, un clérigo lo lleva a España, concretamente al pueblo toledano de Oropesa, donde fue acogido por la familia de Francisco Mayoral, a la cual sirvió como pastor de su ganado durante casi veinte años. Siendo un joven mozo decidió alistarse en el ejército, sirviendo en la Compañía del Conde de Oropesa, al servicio del Emperador Carlos V. Intervino en la batalla de Fuenterrabía, localidad fronteriza que había sido atacada por Francisco I, rey de Francia. Algo no debió salir bien porque Juan estuvo a punto de morir ahorcado. Tras volver a Oropesa, es llamado de nuevo para servir al Emperador en la batalla contra los turcos en Viena (Austria). Regresó a la península por mar, entrando por Galicia, de donde fue a su pueblo natal sin encontrar a nadie conocido allá. Otra vez en España, llevó una vida errante por Sevilla, Ceuta, Gibraltar y finalmente Granada, donde se dedicó a vender libros de caballería y religiosos. En Granada fue donde el 20 de enero de 1539 Juan Ciudad se convirtió en San Juan de Dios. San Juan de Ávila predicó aquel día en el emeritorio del Campo de los Mártires, a la vera de la Alhambra. De la predicación de Juan de Ávila, vendría la conversión de Juan de Dios. Al principio le tomaron por loco, incluso hubo gente que le tiró piedras. El vendedor de libros salió del eremitorio y revolcándose por el suelo se puso a gritar “Misericordia, Señor, que soy un pecador”. Al continuar comportándose de forma poco comedida provocó que le encerraran en el Hospital Real de Granada. Precisamente fue en este hospital donde San Juan de Dios tuvo oportunidad de ver el mal trato que se dispensaba a los enfermos, especialmente los que sufrían trastornos psiquiátricos. Cuando el propio San Juan de Ávila se enteró de que estaba recluido allá, fue a verle y logró sacarle. San Juan pasó a ser entonces discípulo de San Juan de Ávila, quien supo orientar todas las energías del converso hacia la buena obra que habría de emprender. Bajo el consejo de dicho mentor, peregrinó al Santuario de la Virgen de Guadalupe. A su vuelta permaneció con su maestro durante un tiempo en Baeza, antes de regresar a Granada, donde comenzó su obra de atención a pobres, enfermos y necesitados. Empezó como quien dice de la nada. Trabajaba, pedía, recogía a los pobres, se entregaba a ellos. Al principio de forma solitaria, mas poco a poco se le fueron uniendo otras personas, voluntarios y bienhechores. San Juan supo ver que la mejor medicina para los enfermos a los que recogía era el amor. El buen trato llegaba a donde no podían llegar los conocimientos médicos de la época. Enseñó con su ejemplo que a ciertos enfermos hay que curarles el alma con amor, si se quiere obtener la curación de su cuerpo. El 3 de julio de 1549 su hospital se prendió fuego. San Juan fue el primero en jugarse la vida para salvar a los enfermos que estaban dentro. Desde entonces adquirió fama de santidad. En enero del año siguiente, tras salvar a un joven que se estaba ahogando en el río Genil, enfermó gravemente. El 8 de marzo de 1550, falleció. Había trabajado durante diez años hasta la extenuación, dirigiendo su hospital de pobres. Y aquel que había sido apedreado como un loco, fue acompañado al cementerio por todo el pueblo. Es beatificado el día 21 de septiembre de 1630 y canonizado el día 15 de julio de 1691, siendo declarado Patrón de los Enfermos y de sus Asociaciones en 1930. Es también Patrón de la Enfermería y de los Bomberos.

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12 marzo 2009

Ultrasound guided Interscalene Stimulating Catheter

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Mechanism of Action and Pharmacokinetics of Propofol

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02 marzo 2009

Agua y Electrolítos

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Analgesia postoperatoria con Morfina en el anciano

En España, hay más de 2 millones de personas mayores de 80 años. Los ancianos cada vez se operan más en comparación con otros grupos de edad (4 veces más) y de procedimientos más agresivos, y por tanto más dolorosos. Esta tendencia aumentará en los años venideros por un aumento tanto de la población como de la esperanza de vida de en los países desarrollados. Por otra parte, los ancianos son excluidos tradicionalmente de los ensayos clínicos y trabajos sobre fármacos, con lo que muchas de las conclusiones obtenidas difícilmente son extrapolables a tal grupo. Los ancianos se caracterizan, básicamente, por presentar enfermedades crónicas, una disminución de su reserva funcional y por la pérdida en la eficacia del mantenimiento de la homeostasis en condiciones adversas. Son más sensibles a los efectos tanto terapéuticos como adversos de benzodiacepinas y opiáceos: presentan menos receptores tisulares y menor afinidad de los mismos por los neurotransmisores implicados, por lo que el ortostatismo, delirio o sedación, aparece con más frecuencia en comparación con los pacientes más jóvenes. Para continuar leyendo este artículo:

Con la edad, ocurren una serie de cambios fisiológicos que hace posible la aparición de múltiples efectos secundarios e indeseables tras el empleo de morfina. Un descenso en el primer paso intestinal y/o en la extracción hepática, aumenta la biodisponibilidad de este fármaco. El descenso en la masa corporal y en el agua corporal total, el aumento en la cantidad de tejido graso y la disminución de la albúmina plasmática, hacen que la distribución y eliminación de un fármaco hidrosoluble (la morfina), se altere en presencia de un menor volumen de distribución. La vida media de eliminación de la morfina llega a 4,5 horas en los ancianos, frente a las 2,9 horas de los pacientes más jóvenes (más acumulo en el compartimento periférico, en detrimento de un disminuido fisiológicamente, compartimento central). Por otra parte, el metabolito activo de la morfina (con mayor potencia sedante y analgésica), morfina-6-glucurónido, se acumula más en pacientes ancianos cuya función renal esta claramente disminuida por descenso del flujo sanguíneo renal y del filtrado glomerular.
La evaluación del dolor agudo postoperatorio (DAP) en pacientes mayores, donde coexisten otras condiciones (depresión, deterioro cognitivo, visual o auditivo, aislamiento social y/o familiar etc.) mediante las escalas comúnmente empleadas (analógica, numérica, verbal) produce un alto porcentaje de errores en lo que en la estimación de su intensidad se refiere (a la baja casi siempre). Esto se traduce en un tratamiento insuficiente en la mayor parte de los casos. La aparición de delirio postoperatorio puede verse aumentada en esta franja de edad, si no se trata correctamente el DAP, y más si concurren otras circunstancias como anemia, retención urinaria o hipoxia.
Parece que en estas primeras horas, cuando más dolor se experimenta y cuando más morfina se prescribe, estas consideraciones farmacocinéticas y farmacodinámicas, no son tan relevantes como lo puedan ser en las posteriores 24 horas. Las dosis de morfina administradas y la tasa de efectos secundarios no mostró diferencias entre dos grupos a estudio (jóvenes y ancianos) en lo que se refiere a las primeras horas postoperatorias. Sin embargo, es posible que la dosis y modo de administración de morfina si deba ser modificada o ajustada a la edad en el período postoperatorio “tardío”, donde las diferencias en distribución, metabolismo y eliminación de la morfina si se ven afectadas por la edad por cuestiones farmacocinéticas y farmacodinámicas.
Los casos de depresión respiratoria asociados al tratamiento con opioides en sistemas de PCA, y con pautas lógicas, no parecen tener una correlación directa con la edad del paciente y sí con otras variables como la cantidad de fentanilo intraoperatorio administrado. En Reanimación, donde concurren una serie de situaciones que hacen más difícil esta eventualidad es menos frecuente su aparición: ambiente caracterizado por múltiples estímulos visuales y sonoros, dolor intenso que antagoniza la potencial depresión asociada a los opiáceos, monitorización estricta…Por el contrario, en la planta de hospitalización, con el descanso del paciente y la menor vigilancia son más frecuentes los episodios de bradipnea o sedación excesiva.
Con respecto a la edad, según Aubrun, existen diferencias en cuanto al sexo en lo que se refiere a percepción del dolor y requerimientos de opiáceos para su control. Las mujeres experimentan más dolor en el postoperatorio inmediato (VAS inicial mayor) y requieren más morfina para su control (hasta un 10% más en comparación con los varones). Sin embargo, estas diferencias desaparecen en pacientes mayores de 75 años.
En un trabajo clásico de Macintyre, llevado a cabo en más de 1000 pacientes, se concluyó que el mejor predictor de las necesidades de morfina en PCA para tratamiento del DAP en las primeras 24 horas, fue la edad y no el sexo o el peso. Una estimación “grosera” de las necesidades de morfina en estas primeras horas podría obtenerse de la siguiente fórmula:
(100 – edad = mg de morfina/24 h)
La Sociedad Española de Dolor (SED), teniendo en cuenta todas las consideraciones previas en cuanto a farmacocinética y farmacodinamia, recomienda empezar con la mitad de la dosis por kg. de peso y posteriormente valorar subir o bajar la misma en función de la respuesta.

PUNTOS CLAVE:
• Los ancianos experimentan dolor, y éste ha de ser tratado.
• El éxito de las técnicas de PCA, se basa en la correcta elección del candidato. No todos los ancianos pueden beneficiarse de tal modo analgésico.
• En las primeras horas del p.o., los requerimientos analgésicos de los ancianos no se ven influidos en gran manera por condicionantes farmacocinéticos y farmacodinámicos: es momento de titular la dosis de morfina a base bolos e infusión continua y ser generosos con las dosis.
• En la planta de hospitalización, hay dos circunstancias que no pueden olvidarse. No hay una vigilancia estrecha ni una monitorización que avise de una posible sobredosificación a opioides. Es ahora cuando los problemas derivados de la especial fisiología del anciano pueden aparecer. Quizás sea oportuno dosificar de un modo más prudente (solo PCA, suprimir la infusión continua o reducir al máximo su concentración, asociar AINES).

Fuente: sensar.org

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